Es una isquemia transitoria o falta de riego sanguíneo en las zonas más distales del cuerpo, que son los dedos de las manos y de los pies, las orejas, la punta de la nariz y los pezones. Como una variación de la normalidad, lo sufren también algunas personas en situaciones de frío o estrés.
Signos importantes que nos ayudan a diferenciar el síndrome de Raynaud de otros procesos, como infección bacteriana o mala postura:
Un problema mecánico, como una mala posición o un frenillo corto de la lengua de tu bebé, puede causar por sí solo un síndrome de Raynaud, y algunos procesos infecciosos de pezones van unidos al mismo, también porque provocan alteraciones vasculares. Es importante, pues, que una asesora de lactancia valore estas posibilidades.
El tratamiento consiste en aplicar calor local antes y después de las tomas. Una buena idea es usar un calcetín de algodón, rellenarlo de arroz crudo, anudarlo y calentarlo en el microondas unos segundos. Se aplica el calor justo antes de la toma, y también después. Para aumentar la eficacia se recomienda que no pase ni un segundo entre retirar calor y el agarre del bebé al pecho, y tampoco entre que el mismo suelta el pecho y se vuelve a aplicar calor.
Tomar bebidas calientes que no contengan cafeína o teína (por ser vasoconstrictoras) antes de amamantar y hacerlo en lugares cálidos también puede ayudar.
Es importante que no segregues una oleada de hormonas del miedo cuando vas a amamantar; suspira profundamente antes del agarre e intenta relajarte.
Recuerda también que fumar provoca como efecto secundario síndrome de Raynaud en algunas personas.
Si las medidas físicas no funcionan, un médico puede recetarte un vasodilatador apto para madres que dan el pecho.
Se caracteriza sobretodo por un cambio de color de la punta del pezón. Normalmente está blanca al acabar la toma, y a los pocos minutos se vuelve morada, luego rosada.
